domingo, 27 de febrero de 2011

...y al otro lado hay más.


No hay pupilas que enfoquen a lo que mi órgano vital mira
y las externas verdades le hablan,
le susurran los malos caminos que debe ignorar.
Desoye las fuertes aguas del río que le arrastra,
se acose a una rama seca de un árbol.
Ella le pregunta, cuánto tiempo estará allí subida,
que ojalá nunca se rompa y pueda escalar sobre los nuevos brotes.
Todo gira en un desequilibrio que vacila su mente en inconstancia perplejidad
inestable al titubeo de su afligida inseguridad.