martes, 2 de agosto de 2011

Soy la pequeña voz de un cuco que se quedó mudo al ver sonreir a una señora entre arrugas. El espíritu de felicidad de los deseosos rayos solares de las pieles blancas y endulzadas de las manos que las aman. El agrio sabor de la miel que derramó la montaña a las orillas de tu pecho. El camarelo traidor y picante que rozó tus labios dejando el veneno de la duda enmarcada de una risa nocturna.

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